CREER PARA VER
HÁBITOS ATÓMICOS
No sé si te pasa que hay libros que te llegan en el momento exacto. Llegan como una señal que te ayuda a acomodar las piezas que te hacían falta en el rompecabezas. Hábitos Atómicos, de James Clear, es uno de ellos para mí.
Este libro me lo topé un día mientras hacía fila en una tienda de papelería, estaba entre agarrar un Snickers o el libro, y me dije: “Qué tal si agarro mejor el hábito de leer más en lugar del azúcar del chocolate ¡jajaja!”. Lo empecé a leer esa misma noche en la cama antes de dormir y me quedé enganchado desde el primer capítulo, en el cual rápido te das cuenta de cómo pequeños esfuerzos pueden desencadenar grandes resultados.
Una de las ideas que más tengo grabada es que no es la motivación la que crea el hábito, es el mismo hábito el que sostiene la motivación. Durante mucho tiempo yo lo veía al revés. Pensaba que primero había que tener ganas, esperar el momento para estar inspirado, o tener ese empujoncito interno para empezar algo y que cuando eso no aparecía, simplemente no hacía nada. Sin duda, este libro me ha ayudado a cambiar el orden de las cosas.
Los hábitos atómicos me recordaron esta teoría que dice que si repites una acción de forma constante durante 21 días terminas por convertirla en un hábito. Realmente esto no ha sido comprobado científicamente, pero más allá del número exacto, lo que entendí es que la repetición tiene un poder enorme. Cuando haces algo todos los días, aunque sea pequeño se va convirtiendo en parte de ti y deja de depender de tu estado de ánimo para que suceda.
La motivación externa es mucho más frágil porque depende de factores que no controlas: el aplauso, el reconocimiento, la validación. Si eso desaparece, muchas veces también desaparece el impulso. Por el contrario, la motivación interna no nace del aplauso sino de eso que has construido día a día. Surge cuando repites una acción tantas veces que deja de representar un esfuerzo por demostrar algo y se convierte en una expresión de quien estás decidiendo ser.
Personalmente, viví este experimento convirtiendo en hábito cosas muy simples: salir a caminar, escribir, meditar, ordenar mis ideas, ya te lo he platicado antes: así nació mi proyecto de Kushep y las frases en posters. Al repetirlo durante más de 21 días, logré, de manera sostenida, construir esa motivación a lo largo de más de dos años, y esa constancia empezó a darme una sensación súper positiva: la de estar cumpliéndome a mí.
Con el tiempo te das cuenta de que esos hábitos atómicos se convierten en una especie de ancla. Puedes experimentar días buenos, días malos, pero el hábito sigue ahí; y cuando todo a tu alrededor se siente inestable, tener eso que depende sólo de ti se convierte en una fuente enorme de calma y dirección.
Gracias por estar aquí. Te abrazo.
En pocas palabras, Kush opina que: