ATISBOS DE CONCIENCIA
GRATITUD ACTIVA, UN HÁBITO, NO SÓLO CORTESÍA
Para la mayoría de nosotros, la vida transcurre demasiado de prisa. Las cosas pasan rápido y cuando menos pensamos, justo cuando acabábamos de resolver una situación, ya estamos en medio de otra. El tema de la búsqueda de la felicidad y la satisfacción de necesidades parece una tarea inacabable e imposible. Y es que, en realidad, es imposible ponernos la meta de alcanzar ese estado de paz y felicidad constante y continua. Hemos creído que la búsqueda de la felicidad es la meta en la vida. La vida no es así; sentirnos bien no tiene que ver con lo que nos pasa, sino con la percepción, la interpretación y el sentido que le damos.
Todos los días nos enfrentamos a contrariedades, a interrupciones, a retos. Tenemos diferencias personales en nuestras relaciones, hay cambios imprevistos en nuestros planes, vivimos experiencias abrumantes. Todo esto nos provoca sentirnos tan agobiados que no alcanzamos a ver las lecciones que encierran esas experiencias, lo que podemos descubrir de nosotros mismos.
La gratitud es un concepto muy simple que nos puede hacer superar hasta las temporadas más difíciles. Desde pequeños se nos ha enseñado a agradecer como un acto de cortesía. Ahora aprendemos a decir gracias a esas experiencias abrumantes, y no nos quedamos con lo que nos pasa, no nos quedamos atrapados en los sentimientos que tales experiencias nos provocan, sino que buscamos una interpretación más trascendente que nos aporte aprendizaje, aceptación y valor a lo que vivimos; nos abrimos a contarnos lo que vivimos de otra manera, no desde la victimización, sino desde otro lugar más proactivo, para darle un sentido más profundo y en actitud de agradecer. Damos gracias por la manera como se presentan las cosas. No nos gusta la experiencia, pero gracias de todas maneras.
En muchas ocasiones, no comprendemos todavía; se requiere tiempo y otra perspectiva para ver el regalo oculto, pero de cualquier manera agradecemos de manera activa, confiando y aceptando. La gratitud es un sentimiento, y el agradecimiento es una conducta. A veces, solo necesitamos repetir una conducta para generar el sentimiento. Por eso, es importante obligarnos al acto de agradecer, hasta convertirlo en un hábito. Agradecer por cortesía, sí, pero también como un recurso de bienestar personal donde trabajamos la confianza y el optimismo.
La gratitud también nos ayuda a soltar el control, porque lo usual es que nos movemos de tal manera que buscamos controlar los resultados. Al agradecer, abrimos espacio a comprender que no somos omnipotentes y que existen aspectos y circunstancias que están fuera de nuestra área de influencia. De esta manera el espacio que abre la gratitud da cabida al optimismo y a la energía positiva que nos permiten vivir en la aceptación y en actitud de aprendices, siempre en el camino del desarrollo personal y del bienestar.
En pocas palabras, Norma opina que: