Atisbos de conciencia
ESTO NO ES LO QUE ESPERABA: LA FRUSTRACIÓN
Un berrinche de tu hijo de tres años justo cuando vas saliendo a toda prisa para llegar a tiempo a un compromiso; una computadora que se reinicia en el momento en que estás a punto de comenzar una reunión en línea; un semáforo en rojo que se interpone en la fluidez de tu camino hacia un lugar al que te resulta necesario llegar; un evento externo no contemplado en la planeación de algún proyecto que alteró el resultado. A veces estos pequeños contratiempos o resultados no esperados nos desequilibran, rompen la homeostasis de nuestro mundo interno que nos sostiene. Este sentimiento se llama frustración y necesita ser corregido, bajo riesgo de prolongar nuestro desequilibrio interno y escalar a otros estados emocionales que impacten en nuestra salud física y mental.
La frustración es una señal de expectativas que no se cumplen, resultados esperados que no se consiguen. De esta manera, podemos considerarla como una emoción negativa, pero al mismo tiempo útil, ya que nos impulsa a la acción para retornar al equilibrio; acciones como replantear las expectativas, adaptarse a las circunstancias, o cambiar estrategias o conductas. Con esta mirada, podemos considerar que cuando nos frustramos conviene tener presente que somos nosotros quienes debemos responder regulándola, entendiéndola y usando la razón para decidir qué hacer frente a ella. De lo contrario, si no la manejamos, la frustración nos dominará, como cualquier otro sentimiento o emoción, reaccionaremos de forma impulsiva, y quedaremos atrapados con más malestar psicológico, generaremos resentimiento o careceremos de claridad de pensamiento y motivación, bloqueando nuestras tomas eficaces de decisiones.
Para ayudarnos con algunas estrategias en el manejo de la frustración, lo primero sería tener conciencia de ella. La conciencia de la frustración implica reconocerla y preguntarnos: ¿Qué esperaba yo? ¿Por qué me siento así? De esta manera tenemos más probabilidades de poder responder de forma saludable y no reactiva. También podemos entrenar nuestra mente/cerebro para manejarla mejor con estrategias como:
- Mindfulness / meditación: para observar la frustración cuando aparece, sin reaccionar de golpe y hacer que la emoción disminuya en vez de escalar.
- Reevaluación cognitiva: reinterpretar la situación, bajar la magnitud del rechazo, la amenaza, etc., reduciendo cuánto nos lastima internamente.
- Fortalecer la conexión del cerebro prefrontal con la amígdala, que en términos prácticos se traduce en ejercicios de respiración consciente u otras que ayudan a la regulación emocional.
La frustración no es algo que hay que soportar, sino que hay que tomarla como una oportunidad: para aprender tolerancia, para desarrollar resiliencia y para crecer en autocontrol emocional, rasgos que definen de manera contundente un elevado nivel de inteligencia emocional.
En pocas palabras, Norma opina que: