DIFIERO… Al conocimiento se llega mediante el cuestionamiento
LA VERGÜENZA, SON LOS DEMÁS O SOY YO

Hace seis meses platicaba con una persona del trabajo y me decía que su hija estaba próxima a cumplir 15 años, y que por su situación económica le resultaba imposible poder costear una fiesta, y que además estaba atrasado en algunas colegiaturas en la escuela de ella y que para poder terminar el curso y que le dejaran presentar examen necesitaba regularizarse en los pagos, me decía con mucho pesar que se sentía triste y humillado con la situación, que sentía que como padre estaba fallando. Este tema me llamó la atención y quise buscar definiciones.
La vergüenza es una emoción negativa, general; es decir, todos la experimentamos, ocurre cuando se genera una percepción de nosotros mismos, por una circunstancia o hecho determinado, real o imaginario, y que nos lleva a una disminución de nuestra seguridad, acompañado de un sentimiento de pena hacia los demás; también baja la autoestima e, incluso, algunas personas tienden a evitar determinadas situaciones para tratar de no sentir nuevamente esta emoción y afecta las relaciones sociales.
Existen algunos tipos de vergüenza, la más sencilla de gestionar es la situacional, aparece en contextos específicos, por ejemplo, puede surgir al cometer un error delante de otros o al convertirse en el centro de atención inesperadamente. Este tipo de vergüenza es temporal y suele estar relacionada con circunstancias concretas. ¿Te has sentido incómodo al tropezar en público? Esa es una reacción típica.
Algo más complicado de atender es la vergüenza social, ya que involucra interacciones con otras personas. Suele manifestarse cuando sientes que no cumples con las expectativas sociales o culturales. Esta forma de vergüenza puede ser más persistente y afectar tu autoestima. ¿Alguna vez te has sentido juzgado por tus opiniones o apariencia? Eso es parte del miedo al rechazo social.
Pero, en realidad, ¿de dónde viene la vergüenza? Viene de mis pensamientos, de mi percepción, de lo que yo me impongo y lo califico como bueno y como un deber ser, y lo que me aparte de ello me atormenta; es mi expectativa, aquello que me imaginé que iba a suceder con determinadas circunstancias y no está ocurriendo así; pero no necesariamente es algo que me va a poner en peligro, ni en riesgo; la mayoría de las veces solo son apariencias, ideas ficticias para cumplir con estándares sociales que decido hacer propios, pero no son ni generales, ni correctos, simplemente son los que yo adopté.
Qué herramienta me sirve cuando quiero administrar un sentimiento como la vergüenza, primero que nada la aceptación, declarar para mí que la realidad que me ocurre es bienvenida, pues es la que es, sin calificaciones, no puedo elegir otra, solamente la que me pasa, lo demás es inútil, y esto posiblemente me lleve a cambiar mi expectativa y eso tiene que ver con el futuro, pero también me invita, cuando mi reacción es útil, a tomar acción en el presente, esa sí depende de mí, tareas específicas para hacer actividades que me hagan sentir mejor.
La otra herramienta es sustituir mis pensamientos dándoles la dimensión que decido, en el caso de mi amigo no estaba faltando de ninguna manera con su hija, mucho menos era mala persona, simple y sencillamente estaba atravesando una situación que no era la que él esperaba (expectativa no cumplida), pero no estaba en riesgo su papel como padre, sino el atender un festejo y una deuda que, como pasó seis meses después, pudo encontrar la forma de resolverlo. La mayoría de lo que nos sucede son situaciones que deben atenderse, no son temas fatales, es nuestro pensamiento el que nos juega en contra, el bienestar emocional tiene mucho que ver con el aprendizaje, día a día, de platicar con nuestro ser interno y nutrirlo de pensamientos que nos generen tranquilidad, dentro de lo que nos sucede cotidianamente.
En pocas palabras, Mario opina que: