DIFIERO… AL CONOCIMIENTO SE LLEGA MEDIANTE EL CUESTIONAMIENTO
El desinterés, ¿no tengo ganas?

Platicaba hace poco con un amigo al que le acaban de diagnosticar una enfermedad algo severa. Me aseguró que, independientemente del estado de su salud, sentía que no tenía ganas de hacer nada; que desde que le dieron la noticia, pasaba los días yendo de su trabajo a la casa sin el interés que siempre había tenido por estar con sus amigos o hacer ejercicio; que se sentía raro. Esto llamó mucho mi atención y quise investigar esta emoción, o bien, la falta de ella, que cada vez es más común por diferentes motivos.
El desinterés o apatía se experimenta como una falta de vigor, de ánimo, de entusiasmo; es una indiferencia en diferentes aspectos —físicos o psicológicos— de nuestra vida, una emoción que afecta nuestro desarrollo a cualquier edad (cuando sentimos que no nos satisfacen las cosas que antes nos gustaban). Se trata de una alteración de nuestra conducta habitual, que en algunas ocasiones está ligada a un estado de malestar o desesperanza por problemas en el trabajo, en la familia, con amigos o con la salud, por decir algunos ejemplos. Es una situación que todos sentimos en mayor o menor grado; debemos reconocerla y atenderla. Y como cualquier emoción que experimentamos, el tema es cómo la gestionamos, es decir, qué sigue inmediatamente después de que me doy cuenta de que la siento.
Algunos autores ligan la causa del desinterés con lo que denominan “incapacidad aprendida”, es decir, sacamos de nuestro pasado evidencia real o imaginaria para desmotivarnos, lo cual tiene que ver con el miedo a volver a decepcionarse y la necesidad de protegernos de ello; en otras palabras, si no encuentro sentido a lo que hago, me estanco emocionalmente para no volver a exponerme. No obstante, está demostrado que eso es imposible: no puedo encontrar bienestar en la incapacidad de producir pensamientos positivos.
Una herramienta probada para poder gestionar la apatía es tratar de silenciar este tipo de reflexiones y decidir una agenda que me guste, forzándome a cumplirla; definir un propósito, aunque no tenga tantas ganas. Es un trabajo diario y complicado, pero funciona, pues hacer las cosas que me propongo genera actividad neuronal, y eso mejora nuestra salud física y emocional. Relacionarme con el desinterés es un trabajo personal, y está dentro de cada quien saber cómo activar su ánimo —inclusive con ayuda profesional si es necesario— ante un problema, pues todos tenemos derecho al desahogo, pero debemos ponerle una duración razonable; después hay que reaccionar y elegir nuestra actitud para sentirnos mejor.
En pocas palabras, Mario opina que: