ATISBOS DE CONCIENCIA
EL TIEMPO, CÓMO LO VIVIMOS
“¡Se me pasó volando el tiempo!”, “Falta mucho para que sea Navidad”, “¡Qué rápido, ya estamos a fin de año!... Estas expresiones dan cuenta de cómo el tiempo es tan relativo, con una percepción muy particular. Hablemos del tiempo.
El tiempo universal, un recurso infinito, con pasado, presente y un futuro al que no se le ve final; pero también un recurso limitado, no renovable para los seres humanos, porque somos finitos, y el día solamente nos ofrece 24 horas. Y porque, además, no es posible transitarlo en el pasado, ni en el futuro. Sólo en el presente.
¿Cómo vives tu tiempo? ¿Cómo vives y aprovechas este recurso para tu bienestar? ¿Eres consciente de lo limitado del tiempo y lo inviertes en tu provecho? Hay un enfoque que me gusta mucho tener presente, y se trata de cómo lo administramos, qué hacemos con el tiempo para construirnos el bienestar que tanto buscamos todos. Porque para administrarlo, como se administra un presupuesto económico, es necesario tener claridad del destino al que queremos dedicarlo. Y para tener en mente esta lista de espacios vitales a los que queremos dedicar tiempos es importante conocer, descubrir y asumir nuestras prioridades,
¿Qué espacios vitales aportan a nuestro bienestar? Indudablemente tenemos el espacio personal, ése al que dedicamos atención a nuestro físico, como el ejercicio, al sueño y la alimentación; atención mental, como es el estudio y la reflexión; atención espiritual, como puede ser cualquier práctica de meditación o práctica religiosa; atención relacional, en el que nos interesa cultivar las relaciones importantes en nuestra vida. Estos espacios no tienen una jerarquía establecida, porque cada persona hace sus propias prioridades. Pero lo que sí conviene es atender cada espacio de nuestra vida, porque en el desequilibrio de la balanza es cuando el bienestar emocional comienza a ponerse en riesgo.
Digamos que no le hemos dedicado tiempo a una relación importante, como puede ser la relación de pareja, o la relación con un hijo. Si no le hemos dedicado ese tiempo, la relación lo va a pagar. O bien, si no hemos dedicado tiempo a nuestra persona, también habrá señales que nos alejen del bienestar Es por eso que la fórmula de equilibrar el uso de nuestro tiempo, cómo lo vivimos, tendría que incluir la armonía de tres tiempos: el tiempo de actividad, el tiempo a solas y el tiempo de uno a uno, Según la etapa de la vida en la que estemos, la armonía requerida para el equilibrio de tiempos es personal. En la vida adulta, con nuestras actividades, es frecuente que el tiempo de actividad sea mucho, y con ello el tiempo a solas, en el que podemos reflexionar, leer, dedicarlo a nuestro descanso, etc., se vea disminuido. Igual pasa con el tiempo de uno a uno que vamos dejando y con ello alejando nuestras relaciones.
¿Cómo usas tu tiempo? ¿Hay armonía? ¿Qué podrías hacer para equilibrar tu tiempo de actividad, tiempo uno a uno y tiempo a solas?
En pocas palabras, Norma opina que: