Atisbos de conciencia
EL RENCOR, UN SENTIMIENTO CREADO POR NOSOTROS MISMOS
Seguramente la mayoría de nosotros hemos escuchado la famosa frase adjudicada a Buda: “El rencor es como tomar veneno y esperar que la otra persona muera”. Con esta frase se alude a cómo el rencor afecta más a quien lo siente que a la persona hacia quien va dirigido.
Me gusta siempre hacer la distinción entre una emoción y un sentimiento, y en este caso me parece de lo más oportuno para comprender mejor el rencor, tema de esta edición. Recordemos que una emoción es una respuesta inmediata y espontánea a un estímulo del entorno. Sucede algo, vivimos una situación, y de inmediato sobreviene la emoción: alegría, miedo, ira… Cuando esas emociones son procesadas e interpretadas por nosotros, según nuestra propia percepción y de acuerdo con nuestra historia de vida y circunstancias, esa emoción se transforma en un sentimiento, que es una experiencia más prolongada y que pasó por el procesamiento de nuestra reflexión. Entonces, cuando hemos vivido una situación en la que experimentamos una ofensa, una injusticia o un agravio, surge la emoción de la ira, la frustración o la impotencia; y si nos mantenemos en esa emoción, llegará el sentimiento del rencor. De esta manera, consideramos que el rencor es en sí mismo un sentimiento, incluso más profundo que el resentimiento. Una persona resentida tiene una actitud de enojo o de desconfianza con la persona ofensora. En cambio, el rencor puede desarrollar un deseo de venganza que afecta la vida de la persona que lo siente.
Se dice que la mejor forma para liberarse del rencor es a través del perdón. Y aquí también veo oportuno hacer la diferencia entre el perdón y la reconciliación. Perdonar nos coloca en una posición de supremacía sobre el otro en la que somos nosotros quienes decidimos liberar al otro de nuestra carga. La reconciliación no nos coloca en ninguna posición; es un trabajo personal, es reconocer la falta del otro, sin justificarla, reconociendo el daño en nosotros y aceptándolo, pero sin darle fuerza al sentimiento; por el contrario, al reconocer y expresar el sentimiento, le quitamos fuerza. El proceso de reconciliación requiere de una buena dosis de expresión emocional, de empatía y de responsabilidad, reconociendo que la mayoría de las veces el rencor es alimentado por nosotros mismos, y muy probablemente acompañado de una victimización que no ayuda para liberarnos del sentimiento.
En pocas palabras, Norma opina que: