ATISBOS DE CONCIENCIA

EL MIEDO, ¿OBSTÁCULO O ESCUDO PROTECTOR? 

EL MIEDO, ¿OBSTÁCULO O ESCUDO PROTECTOR? 

Tener miedo es parte de la vida cuando nos enfrentamos a un escenario que abre posibilidades, reales o imaginarias, de peligro o de incertidumbre. Esto lo podemos percibir muy bien cuando pensamos en los soldados que van a la guerra; generalmente tenemos la idea de que son muy valientes, pero los soldados también tienen miedo en algún momento, ya sea antes o durante la guerra; para ellos, el miedo a morir o ver morir a sus compañeros es una reacción humana, y, de hecho, sentir miedo no le resta a su valentía. Es interesante, además, entender que el tamaño de nuestros miedos es el mismo tamaño de nuestra valentía. Por eso, es conveniente comprender que los miedos pueden ser aliados o enemigos, y así también aprender a ver la diferencia. 

¿Cuándo el miedo es un obstáculo? Cuando nos limita, claro está. Cuando nos paraliza y no nos deja actuar, o cuando el sentimiento nos mantiene ansiosos o alterados. O bien, cuando tomamos acciones basadas en el mismo miedo, y que terminan siendo irracionales, es decir, sin tener razón alguna más que lo que el miedo nos genera. Una forma muy efectiva de generar ese miedo que nos limita es cuando, ante alguna circunstancia, pensamos en posibilidades que responden a  la pregunta: “¿y qué tal si…?”, en escenarios catastróficos y pesimistas. El cerebro cree en lo que pensamos. Esas respuestas imaginarias, aunque posibles, ocasionan que nuestro cerebro se convenza de ello, y entonces nos llega el suministro de cortisol que nos estresa, dispersa nuestra lógica o racionalidad para tomar decisiones, o nos paraliza. 

Pero hay que distinguir. El miedo es inevitable; surge en ciertos momentos y está al servicio de nuestra sobrevivencia. Este miedo nos aporta y sirve como un escudo protector. Podemos considerarlo como un mensajero que llega para avisarnos que nos conviene tener cautela, poner atención, tomarnos un tiempo antes de actuar, o actuar de inmediato ante una emergencia. El miedo que está a nuestro servicio es un gran recurso para valorar, pero también está el miedo que nos limita y que también surge de pronto, el cual nos conviene considerar. Digamos que este miedo está generado por nuestros pensamientos, por nuestras experiencias pasadas, por la interpretación que hacemos de los hechos, o por nuestra tendencia a generar en nosotros un estado de alerta, pesimista, que nos acomoda porque ha sido nuestra zona de confort, porque la paz y la serenidad pueden resultarnos incómodas. 

Muchos de nosotros hemos estado atemorizados por tanto tiempo que ya no sabemos si eso que sentimos se llama miedo. Estamos tan acostumbrados a él que lo hemos normalizado; pero ya es tiempo de dejarlo ir y aprender a distinguirlo. No dejaremos de sentirlo cuando surja para protegernos, y lo importante aquí es darnos cuenta de que somos nosotros mismos los responsables de darle un tamaño determinado.

En pocas palabras, Norma opina que:

Muchos de nosotros hemos vivido atemorizados por tanto tiempo que hemos normalizado el miedo. Si nos damos cuenta de que es un obstáculo, ya podemos dejarlo ir.

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