CREER PARA VER

EL MEJOR AMIGO DEL HOMBRE

EL MEJOR AMIGO DEL HOMBRE

Creo que no por nada existe esta frase de que "el perro es el mejor amigo del hombre"; se ha repetido infinidad de veces y probablemente al grado de que parezca un cliché, pero quienes hemos tenido la fortuna de compartir la vida con uno, sabemos que está llena de razón. Pocas relaciones son tan reales y honestas como las que construimos con un perro. Ellos nunca están contigo por interés, ni están ahí para ver qué pueden obtener de ti, y tampoco condicionan su cariño, simplemente deciden acompañarnos.

Hace unos días, mi hija Andrea estaba en el patio de la casa y se acercó a una pequeña urna que tenemos ahí: es una figura de un perrito descansando en unas alas y que da una sensación de paz como si un ángel lo estuviera abrazando; ahí se encuentran las cenizas del buen Jobs, mi labrador, mi compañero durante trece años. Ella se quedó viéndolo unos segundos y después me preguntó con toda la inocencia del mundo si Jobs estaba en el cielo. Platicamos un rato sobre eso y, terminando de conversar, me dijo que lo extrañaba mucho. Esa noche se fue a dormir abrazando un peluche que le regalaron unos tíos y que trae colgando una medalla que dice “Baby Jobs”, porque es prácticamente igual a él cuando era un cachorrito. Mientras ella lloraba con él en sus brazos, entendí que estaba viviendo un duelo, aun cuando Jobs ya tiene años de habernos dejado.

Es curioso que, de alguna manera, siento que Jobs nunca termina de irse. Mes tras mes aparece en mi vida de formas inesperadas: un amigo encuentra una fotografía vieja y me la manda, otro me comparte un video que tenía guardado desde hace años, e incluso su veterinario, de vez en cuando, me escribe para decirme que se acordó de él y me envía alguna imagen. Siempre hay algo que vuelve a traerlo a la conversación, como si la vida encontrara pequeñas maneras de recordarme que los seres que amamos nunca desaparecen del todo.

Pero regresando a esa noche que veía a Andrea abrazar el peluche, me puse a pensar en todo lo que los perros vienen a enseñarnos sobre la amistad. A ellos no les importa si un día llegas cansado, o preocupado, te reciben exactamente con la misma emoción, esa cola moviéndose de un lado a otro como si fuera la primera vez que te ven; en cuanto abres la puerta, te hacen sentir la persona más importante del mundo. Y eso es lo que muchas veces buscamos en un amigo: alguien que nos recuerde que no tenemos que ganarnos su cariño todos los días para saber que ahí va a estar para nosotros.

Con los años me he dado cuenta de que las amistades que más valen la pena son las que permanecen en todo momento. Las que no se esfuman cuando llegan los problemas, las que saben guardar silencio cuando hace falta. Aquella noche, mientras veía a mi hija, entendí que el amor tiene una forma algo extraña de vencer al tiempo. Hay ausencias que siguen doliendo, pero también hay presencias que nunca dejan de sentirse. Tal vez ese sea el verdadero significado de la amistad: dejar una huella tan profunda en el corazón de alguien que ni siquiera la muerte sea capaz de borrarla. ¿Qué bonito, no? Gracias por estar aquí. Te abrazo.

En pocas palabras, Kush opina que:

Quizá deberíamos aprender más de los perros. Ellos nos enseñan que la amistad no exige, no juzga y no espera nada a cambio; simplemente está. Permanecen en los días buenos, en los malos y, a veces, incluso después de haberse ido. Esa es la clase de huella que sólo dejan los verdaderos amigos.

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