ATREVERSE A IMAGINAR Y APRENDER
EL LUGAR PARA DESHACER EL RENCOR ES DENTRO DE MÍ
Una de las emociones que menos me gusta reconocer que siento, que he sentido y que seguramente sentiré es el rencor, lo que significa es que además de procesar la emoción de sentir rencor, me juzgo por sentirlo y quiero salir huyendo.
Siento rencor cuando no me siento vista por las personas en mi vida. Siento rencor cuando juzgo las decisiones que las personas en mi vida han tomado y siento enojo pues quiero que ellos elijan lo mejor para ellos. Eso “mejor para ellos” en muchas ocasiones me incluye a mí. Rencor por la forma en que me trataron después de que no pude establecer límites claros ni honrar lo que yo en verdad quiero. Rencor porque no pedí lo que realmente necesitaba o quería cuando tuve la oportunidad, o no dije lo que en verdad quería decir. Rencor porque tenía expectativas diferentes de lo que terminó sucediendo; porque no pude controlar el resultado previsto, controlar lo que los demás pensaban de mí, lo que sentían por mí y cómo terminaron reaccionando.
Tara Brach en Aceptación radical: abrazar tu vida con el corazón de un Buda define el rencor como “sentir de nuevo”. Ella dice: “cada vez que nos repetimos una historia de cómo nos han lastimado, volvemos a sentir en nuestro cuerpo y mente la ira por haber sido lastimados. Pero muchas veces nuestro resentimiento hacia los demás refleja nuestro resentimiento hacia nosotros mismos”. Esto me hizo reflexionar que el rencor es mío, lo ocasiono yo misma. No lo heredé de nadie ni de nada. Yo lo alimento solita y también puedo elegir dejar de hacerlo.
En varias ocasiones he hecho referencia al libro de Brené Brown, Atlas del corazón, en el cual, tras una investigación define cada una de las emociones que sentimos; y pone al rencor en la familia de la envidia y no del enojo. Entonces, en realidad lo que me cuesta trabajo reconocer es que lo que en verdad siento cuando se acumula el rencor es envidia. Aceptando el rencor puedo ver que es algo que puedo deshacer dentro de mí. Aparece cuando no supero todos esos sentimientos de frustración, juicio, enojo y envidia. Aparece cuando no logro establecer límites ni comunicarme con claridad, lo que significa que necesito límites claros y un diálogo abierto tanto conmigo mismo como con los demás. Aparece cuando me amé menos, cuando en realidad debería haberme amado más; lo que significa que todavía me queda un largo camino por recorrer en mi viaje de amor propio.
Sigo teniendo el impulso de huir cuando siento rencor, pero he aprendido que hacerlo es abandonarme, y que además es inútil pues la única forma de procesarlo es sentarme a aceptar mis sentimientos para entonces lograr eliminarlos; el único lugar para realizarlo es dentro de mí.
En pocas palabras, Andrea opina que: