ATREVERSE A IMAGINAR Y APRENDER

El desinterés es la peor amenaza

El desinterés es la peor amenaza

Las investigaciones muestran que el desinterés se considera una expresión emocional reducida, no una emoción reducida. No es que no sintamos, ya sea en forma negativa o positiva, sino que no lo expresamos. El desinterés es esa voz autocrítica que dice: “¿Por qué deberíamos hacerlo? ¿Por qué molestarse? No arriesgues sufrir para mejorar. No es posible. No vale la pena. No lo valemos. Te dolerá”. El desinterés es peligroso y, en este momento, es una epidemia.

Cuando estamos desconectados (de nosotros mismos, de nuestros cuerpos, de nuestras relaciones, de los demás, del medio ambiente y de nuestra cultura), significa que nos apagamos; nos cerramos y renunciamos a nuestro albedrío porque el riesgo de sufrir supera la esperanza. Así, dejamos pasar las injusticias, nos sentimos impotentes, nos volvemos complacientes, no creemos que podemos hacer algo o no nos molestamos en hacerlo mejor, así que mejor no lo intentamos. Tenemos miedo de abrirnos y sentirnos heridos.

Nos da miedo el sufrimiento en forma de sentimientos negativos como el dolor, el rechazo, la desilusión, el juicio. Tenemos tanto miedo de sentirnos “mal” que tenemos miedo de sentir. Porque el sentimiento se siente fuera de control, desordenado, incómodo. Preferimos poner las emociones y nuestro corazón en una pequeña caja ordenada (con cinta adhesiva resistente para que nada pueda entrar o salir, eso sí) y tomar decisiones racionales.

Los niños sienten, encarnan, se mueven y expresan plenamente las emociones. Hacen berrinches en los pasillos de los supermercados y te abrazan sin pensarlo dos veces. Los niños son "ninjas emocionales". No les temen a los sentimientos. Los niños aprenden de nosotros, los adultos temerosos, a mantener sus emociones en un cierto rango. Poco a poco, se dan cuenta de que un extremo del espectro de emociones (la felicidad, la alegría, el amor, la gratitud, la satisfacción) es socialmente aceptado, mientras que las otras (el dolor, la ira, la rabia y el disgusto) no lo son. Les damos aprobación y amor cuando expresan un lado, pero no el otro. Y no quieren sentirse no amados, por lo que dejan de expresar ciertas emociones.

Olvidamos que los sentimientos no son permanentes (y que valen la pena) a medida que crecemos y aprendemos a no confiar en nosotros mismos para abrirnos y dejarnos llevar. Los adultos se cierran porque saben que el nivel de amor es inversamente proporcional a la posible pérdida de amor. Nadie nos enseña a sentir, ninguna educación incluye las emociones y tampoco hablamos de ello, por lo que nos quedamos sin saber qué hacer.

Cuando nos gana el desinterés, silenciamos las emociones y nuestra expresión, nuestra experiencia, nuestra humanidad. Silenciamos la esperanza, cualquier potencial, y nuestro mayor rasgo como humanos: el sentimiento, que es más grande que las emociones. Nuestro sentimiento es donde reside nuestro poder como humanos. Porque si no sentimos nada, nunca haremos nada.

De entre todos los males, considero que la mayor amenaza para nuestro futuro es el desinterés de los seres humanos. Porque sé y creo en lo que los humanos somos capaces de hacer cuando sentimos, nos preocupamos y nos expresamos; y, por otro lado, todos hemos visto (y estamos viendo) lo que sucede cuando decimos que nada nos importa.

En pocas palabras, Andrea opina que:

Cuando nos gana el desinterés silenciamos las emociones y nuestra expresión, nuestra experiencia, nuestra humanidad. Silenciamos la esperanza, cualquier potencial y nuestro mayor rasgo como humanos: el sentimiento, que es más grande que las emociones

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