ATISBOS DE CONCIENCIA
DESARROLLO PERSONAL: UN TRABAJO PARA TODA LA VIDA
Escuchamos hablar mucho del desarrollo personal y creo que para poder entrar en este tema conviene que definamos y tengamos claro qué significa el desarrollo personal y cómo se logra.
Desarrollarnos como personas implica ir logrando la madurez que le corresponde a cada etapa de la vida. Cuando nacemos, nuestro desarrollo se irá dando paulatinamente. Este desarrollo comprende, por supuesto, la evolución de nuestras capacidades físicas, definidas por la madurez de nuestro cerebro, como el gateo, caminar, saltar, hablar y ¡hasta controlar los esfínteres! En este desarrollo físico interviene como factor decisivo el tiempo, es decir, la edad. Los cambios se van dando sutilmente y, en cierto período de nuestro crecimiento en el tiempo, vamos logrando ciertas habilidades y desempeñándonos con ciertas capacidades.
Sin embargo, el desarrollo personal no es únicamente un crecimiento físico, sino, sobre todo, un crecimiento de nuestra mente, que implica la evolución de nuestras conductas y madurez emocional. Un niño puede ser irracional, pero a un adulto le corresponde la racionalidad. Un niño o un adolescente pueden no saber qué quieren, pero un adulto maduro sabe lo que quiere y cómo lograrlo.
Así pues, en condiciones normales y saludables, el desarrollo físico va ocurriendo inexorablemente: vamos creciendo en el tiempo, pero también van sucediendo cosas, vamos viviendo experiencias que, por así decirlo, obstaculizan nuestro desarrollo emocional. Una forma que me parece fácil de comprenderlo, por lo trivial, es ésta: si vemos a un niño de 2 o 3 años llorando y gritando, incluso pataleando, por conseguir un capricho, nos parecerá natural, por incómodo que nos pueda resultar. Pero es muy usual que también un adulto tenga caprichos y quizá hasta lloriquee para conseguirlos. Esta conducta nos habla de cómo el desarrollo emocional y la madurez correspondiente a esta etapa no se han alcanzado.
Son muchas las causas que intervienen y que desfavorecen el desarrollo personal. Un niño, por ejemplo, necesita de los adultos para ir acompañándolo y ayudándolo en su desarrollo emocional. Un adulto ya es responsable de su desarrollo. Para ello, y como siempre, se requiere de la autoconciencia. Sólo reconociendo y aceptando que nuestros rasgos de personalidad no corresponden a nuestra etapa de desarrollo, y comprendiendo el origen de ello, podremos realizar un verdadero trabajo personal que detone en desarrollo y vayamos creciendo en madurez.
Enumero aquí una lista, sin ser para nada exhaustiva, de indicadores que pueden orientarnos al trabajo personal: exploto fácilmente, tengo muchos miedos, me tomo las cosas de manera personal (“soy muy sentido/a”), me enfermo muy frecuentemente, tengo ataques de pánico, tengo relaciones con personas cercanas que he alejado, tengo la sensación de que otros se aprovechan de mí, me cuesta establecer límites saludables, no me gustan los conflictos y no los enfrento, dependo demasiado de otras personas para resolver mis temas personales, otros se ocupan de lo que debería estar ocupándome, me ocupo de otros, de cosas que ellos deberían ocuparse, sigo con apego a las reglas familiares infantiles, tomo más en cuenta las decisiones con mis padres que con mi pareja… Y la lista puede continuar…
¿Cómo se logra el desarrollo personal? Cuando podemos reconocer que nuestro desarrollo se ha obstaculizado por las experiencias que hemos vivido y que han dejado heridas, o bien, cuando aceptamos que no tuvimos oportunidad de contar con modelos adecuados para la madurez, estamos listos para abrirnos a sanar o a desaprender y aprender de nuevo. El acompañamiento de otro es un gran recurso, pues nosotros solos podemos no alcanzar a ver lo que necesitamos ver: los cursos de desarrollo en los que compartimos con otros en el mismo camino, los libros, los audios de personas que van por delante, son maneras recomendables para desarrollarnos. Cada quien sabe cuál es su mejor opción, pero lo que sí considero universal es que todos lo necesitamos.
En pocas palabras, Norma opina que: