ATISBOS DE CONCIENCIA

DECIDIR ES RENUNCIAR TAMBIÉN

DECIDIR ES RENUNCIAR TAMBIÉN

En mis funciones como consultora, es de lo más común que los consultantes quieran saber qué hacer en las circunstancias que viven y que les representan un problema en ese momento, o les quitan bienestar. La mayoría busca que le digan qué hacer, porque seguramente consideran que el consultor es alguien que tiene la cabeza más fría o que tiene mayor sabiduría, o más asertividad, o mayores conocimientos y estudios, o más experiencia. En cualquier caso, las personas buscan decidir respaldados por alguien más.

Y es que tomar decisiones, la mayoría de las veces, involucra un reto: renunciar. Decidir entre varias opciones implica renunciar a las demás para elegir una sola; es decir no a otras posibilidades con las cuales, quizás, nos sentiremos inseguros por no haber probado. Sean en lo grande o en lo pequeño, la toma de decisiones nos obliga a sopesar las ventajas y las desventajas de las opciones que tengamos; y de la claridad con la que las definamos dependerá el resultado final.

Pienso en un ejemplo, como es el decidir un destino vacacional; supongamos que ponemos la opción de una playa pequeña y la de una ciudad capital de un país, cada destino ofrece diferentes ventajas, requiere un cierto espíritu o ánimo para vivir la experiencia, también de una evaluación económica; esta podría ser una decisión pequeña, pero elegir uno implicaría renunciar al otro, al menos por ese momento. Pero no es lo mismo, por ejemplo, decidir renunciar a un trabajo, ya que la incertidumbre del impacto cuenta mucho y es importante considerar las ventajas y las desventajas. El futuro no puede predecirse, pero sí pueden considerarse escenarios posibles para compensar de cierta forma la incertidumbre.

Hay un riesgo enorme en este tema de tomar decisiones. El riesgo es no decidir y dejar que otros decidan, o que por no decidir una situación se prolongue y cause daño o malestar; o bien, que por no decidir surjan nuevas situaciones que compliquen las circunstancias originales. Indudablemente, tomar decisiones es una habilidad que nunca es tarde para desarrollarla, y, ¿cómo se aprende? Justo así, decidiendo.

Por último, creo que cuando acudimos con alguien para iluminarnos sobre cómo tomar una decisión, es conveniente saber que cualquier consejo o cualquier opinión siempre vendrá generada desde la perspectiva del otro. Yo no puedo decirle al otro qué haga ni cómo lo haga, porque quizás mi sugerencia no esté adecuada a la otra persona; es decir, eso es lo que yo haría o cómo yo lo haría. El mejor acompañamiento que podemos hacer es ayudar a crear escenarios y sondear los recursos para lidiar con cada uno de ellos. Lo mejor siempre será que quien decide sea a quien le duele, y sólo así podrá responsabilizarse de su elección y su renuncia, así como ganar experiencia. Es así como se aprende.

En pocas palabras, Norma opina que:

Ante una circunstancia en la que tenemos que tomar una decisión, el mayor riesgo es no decidir.

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