CREER PARA VER
CUANDO PASE EL TEMBLOR
Si eres fan de Soda Stereo sabrás de dónde viene el título. Gran canción de Gustavo Cerati. Y si no la conoces, te recomiendo que la escuches. Es una de mis favoritas del grupo, no sólo por la música, sino por lo que evoca esta frase. Y creo que viene muy bien para el tema que quiero tocar hoy.
Pensando en cómo abordar la resiliencia en comunidad, recordé el enorme ejemplo que hemos visto una y otra vez en México después de un temblor. Basta prender las noticias para ver cómo, en cuestión de minutos, la gente sale a ayudar sin conocerse, sin preguntar, sin pensarlo dos veces. Cadenas humanas pasando cubetas, personas cuidándose unas a otras. Esa respuesta colectiva siempre me ha parecido profundamente humana y muy conmovedora.
Y es ahí donde caigo en cuenta de algo muy parecido debe pasar cuando vivimos esos temblores emocionales. Una crisis personal que nos sacude, una pérdida, una etapa difícil, un momento en el que todo se siente inestable. Sin embargo, muchas veces hacemos justo lo contrario: nos encerramos. Creemos que tenemos que poder con todo solos y que pedir ayuda es una forma de vulnerarnos... o incluso de fallar.
Con el tiempo he aprendido que la resiliencia no siempre es aguantar. Muchas veces es saber apoyarte en otros. Tener a quién llamarle y decirle “no estoy bien” sin sentir culpa ni pensar que estás siendo una carga. Entender que no todo se resuelve en silencio ni cargándolo todo por dentro. Así como después de un temblor nadie se reconstruye solo, emocionalmente tampoco funciona así.
Pero la red de apoyo no es sólo saber pedir ayuda; También es aprender a ofrecerla;
Estar para alguien sin querer arreglarle la vida;
Escuchar sin minimizar lo que el otro siente;
Acompañar sin juicios. A veces, simplemente estar presentes es suficiente. Y eso también sana.
La resiliencia en comunidad se construye antes de que todo se mueva. En las conversaciones sinceras, en el interés real por el otro, en no desaparecer cuando alguien la está pasando mal. Porque cuando el temblor llega, esos vínculos no se improvisan: te sostienes de lo que ya existe.
Después de que el temblor pasa, porque siempre pasa, lo que queda no es sólo lo que se derrumbó, sino también lo que se sostuvo. Ese abrazo que estuvo ahí, la escucha, el vínculo que se hizo más fuerte. Y la certeza de que no tenemos que cargar con todo nosotros solos.
Gracias por estar aquí. Te abrazo.
En pocas palabras, Kush opina que: