CREER PARA VER
CUANDO NADA ES SUFICIENTE
Hace unas semanas me topé con un libro que me detuvo desde la portada: Cuando nada es suficiente, de Ellen Hendriksen. No sé si fue el título o el subtítulo que decía "Aprende a soltar el perfeccionismo y la autoexigencia sin renunciar a la excelencia", pero algo en esa combinación de palabras me dejó pensando un buen. Porque en algún punto creo que todos hemos sentido exactamente eso: que lo que somos no alcanza, que lo que hacemos no es suficiente.
Y entonces me pregunté: ¿suficiente, comparado con qué?
Hendriksen plantea que el perfeccionismo no tiene que ver realmente con querer ser perfectos; tiene que ver con nunca sentirse lo suficientemente buenos. Y esa sensación, curiosamente, no aparece sola; aparece siempre con un punto de referencia externo: tu compañero del trabajo que avanza más rápido, ese amigo en redes que parece tener todo resuelto, la versión de ti mismo que imaginaste hace cinco años y que nada más no termina de llegar.
La comparación es así, calladita; ni siquiera grita. Llega disfrazada de motivación, de aspiración o inclusive de humildad, y antes de que te des cuenta, ya estás midiendo tu propio progreso con la regla equivocada.
Lo chistoso de todo esto es que pocas veces nos detenemos a cuestionarlo. Hemos normalizado tanto compararnos que ya ni lo notamos; revisamos lo que hacen los demás casi como reflejo, como si el lugar donde están ellos fuera el mapa que nos dice dónde debemos estar nosotros. Así funciona hoy, especialmente en redes: alguien más siempre va un paso adelante, siempre tiene algo que tú todavía no tienes.
Uno de los cambios que propone Hendriksen en su libro es moverse de la comparación hacia la plenitud o la satisfacción. Y quiero aclarar algo importante: la satisfacción no es conformismo, no es bajarte los estándares ni renunciar a lo que quieres construir; es, simplemente, sentirte completo con lo que eres y con lo que estás construyendo, sin necesitar la vida de alguien más como punto de referencia.
Porque la referencia más honesta que tienes no está en el feed de nadie; está en tu propia historia, en quién eras hace un año, hace cinco. Ese es el único comparativo que en realidad dice algo verdadero sobre tu crecimiento.
La pregunta que se me quedó grabada fue sencilla: ¿Si quitaras todas las comparaciones de la mesa seguirías sintiéndote insuficiente? Si la respuesta es no, entonces el problema nunca fuiste tú; era la vara con la que te estabas midiendo. Gracias por estar aquí. Te abrazo.
En pocas palabras, Kush opina que: