CREER PARA VER

CAMBIA LA MANERA EN LA QUE TE HABLAS

CAMBIA LA MANERA EN LA QUE TE HABLAS

En estas semanas no he dejado de pensar en lo bonito que se siente haber lanzado el primer libro en coautoría con Norma, Andrea y Mario. Durante las presentaciones que hemos hecho, cada uno ha aportado su perspectiva, vivencias y aprendizajes alrededor de la creación de este proyecto de En Pocas Palabras. Algo que ha resonado mucho conmigo son las palabras de Mario cuando explica que somos una fábrica de pensamientos. Hace una analogía muy interesante: somos dueños de esa fábrica, y cada día decidimos qué queremos producir en ella.

De aquí nace la idea de abordar la autocompasión desde un ángulo muy práctico: cambiar la manera en la que nos hablamos a nosotros mismos.

Porque, hay que ser bien sinceros, a veces nuestra propia voz interna es más dura que cualquier crítica externa. Nos repetimos frases como “no soy suficiente”, “me falta mucho”, “la estoy regando otra vez”. Y aunque parezca inofensivo, ese diálogo constante va moldeando nuestra forma de sentirnos y de actuar.

Aquí es donde entra la diferencia entre autocompasión y autocomplacencia:

  • La autocompasión es tratarnos con amabilidad en momentos difíciles, reconocer que estamos haciendo lo mejor que podemos y darnos espacio para aprender.

  • La autocomplacencia, en cambio, es justificarnos siempre sin avanzar, poner esas excusas de por medio que nos dejan estancados.


Autocompasión no significa decir “Hey, todo está bien” cuando en realidad hay cosas por mejorar. Significa hablarte como lo harías con alguien que estimas: con honestidad, pero también con ese toque de cariño.

En lo personal, me ha servido mucho darme cuenta de que no todo lo que pienso es verdad. Si soy dueño de la fábrica de mis pensamientos, también puedo elegir qué frases entran a la línea de producción. Y ahí es donde el ejercicio práctico empieza: Hacer una pausa, observarme y reestructurar el pensamiento o la idea.

Algunas prácticas sencillas que me funcionan:

  • Detectar el tono de mi diálogo interno. ¿Me estoy hablando como el malo de la película o como un buen amigo?

  • Pausar y cambiar la frase. De “la estoy regando otra vez” a “hoy no salió como esperaba, pero puedo aprender de esto”.

  • Celebrar siempre esos pequeños pasos. A veces no es llegar a la meta, sino reconocer que sigues avanzando poco a poquito.


Cuando cambias la manera en la que te hablas, no desaparecen los problemas, pero sí cambia tu forma de enfrentarlos. Empiezas a sentir que llevas a un aliado dentro de ti y no a un enemigo. Y esa es, quizá, una de las mayores herramientas para atravesar momentos difíciles sin rendirte. Gracias por estar aquí.

Te abrazo.

En pocas palabras, Kush opina que:

La forma en la que te hablas puede ser la gasolina que te impulsa o el peso que te hunde. Practicar la autocompasión no es rendirse, es elegir ser tu mejor aliado en lugar de tu peor juez.

¡MENSAJE ENVIADO!

Tu mensaje ha sido enviado correctamente, en caso de ser mecesario nos pondremos en contacto contigo, ¡hasta pronto!

Imagen del popup
>