Atisbos de consciencia

BIENESTAR Y FELICIDAD

BIENESTAR Y FELICIDAD

Imagínate que te encuentras una lámpara maravillosa con un genio que te ofrece cumplirte tres deseos. ¿Qué pedirías? Me gustaría que te detuvieras aquí y respondieras la pregunta con honestidad y conciencia, antes de seguir leyendo…

Alguna vez me hicieron esta pregunta que yo misma ahora hago en diferentes espacios personales, de trabajo o con grupos. Y, así como me pasó a mí, es muy frecuente que entre esos tres deseos uno de ellos sea algo parecido a “ser feliz”. Es decir, la mayoría de nosotros deseamos prioritariamente ser felices, tener una vida plena y significativa, pero sacrificamos la felicidad por otras cosas. Somos nosotros los que saboteamos nuestra felicidad. 

Es verdad: cada persona tiene sus propios parámetros para medir la felicidad, pero lo cierto es que hay un denominador común en nuestra calidad humana: queremos ser felices, pero alejamos la felicidad por cosas que nos seducen o nos deslumbran más, o bien, que fortalecen nuestro ego. Por ejemplo, en la lista de los tres deseos puede ser que uno de ellos sea ser feliz, y los otros dos tener éxito y dinero; pero con estos últimos condicionamos el primero. Entonces, si no los obtenemos, no nos sentiremos felices.

¿Qué otras formas tenemos para sabotear nuestra felicidad?

A mi juicio, un obstáculo para la felicidad es perseguir la superioridad: el afán por tener la razón o competir para ser el más fuerte, el más sabio, el más rico, el más poderoso, el más atractivo, el mejor… Esta competencia nos aleja de la felicidad, porque no existe tal cosa como ser “el mejor” por siempre, ya que siempre surgirá alguien más rico, más sabio, más poderoso. 

Otra cosa que también nos aleja de la felicidad es ser demandante. En un intento por tener relaciones en las que nos sintamos amados y vistos, demandamos, pero nuestra necesidad no termina nunca de cubrirse. De la misma manera, ser excesivamente controlador nos mantiene en un estado de estrés y de frustración, porque nos esforzamos demasiado en cambiar circunstancias o personas, o en controlar los resultados de lo que queremos, la mayoría de las veces sin éxito. Algo más: la desconfianza, tanto en las personas como en la vida, es otro obstáculo más para sentirnos plenos y con bienestar. Por último, agrego lo que creo que es el mayor obstáculo para la felicidad: la inconsciencia.

Cuando queremos tener la razón y ser superiores, cuando somos demandantes, controladores o desconfiados, estamos saboteando nuestra felicidad. La infelicidad se instala cuando nos damos cuenta de que no siempre vamos a ser superiores, o cuando no podemos obtener lo que necesitamos a pesar de nuestras demandas. O bien, nos damos cuenta de que el control es una fantasía y que no funciona, o que las noticias siempre nos van a provocar desconfianza, porque nos muestran la cara negativa de la vida.

¿Qué podemos hacer para incrementar nuestra felicidad y el bienestar en la vida diaria? Mi propuesta, que se enfoca en vencer cada uno de los obstáculos anteriores y que considero es el arma más poderosa, es cultivar la conciencia. Es importante y necesario para darnos cuenta, por ejemplo, de cuántas veces en el día quise tener la razón, o dediqué tiempo y esfuerzo a demostrar que soy superior en algo, o las veces que entré en lucha de poder en mis relaciones. O para darnos cuenta de cómo algunos discursos o noticias negativas me generan desconfianza y no hago nada por cambiar el hábito de escucharlos; o bien, hacernos conscientes de nuestra tendencia a controlar o a demandar. Sólo siendo conscientes podemos hacer el cambio de hábitos. Sin esos cambios, sabotearemos una y otra vez durante el día nuestra felicidad y bienestar, aun cuando en la lista de los tres deseos aparezca la de ser feliz.

En pocas palabras, Norma opina que:

La felicidad sólo puede alcanzarse cuando hemos cultivado nuestra conciencia y hemos decidido hacer cambios de los hábitos que nos han alejado de la misma.

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