ATISBOS DE CONCIENCIA
Alegría
Cuando hablamos de las emociones, es interesante conocer la ley universal a la que están sujetas, no solo las emociones, sino todo concepto que requiera una comprensión de su significado. Esta ley es llamada la Ley de las Polaridades, y explica que todo tiene una contraparte y, al entender esa contraparte, comprendemos mejor su significado. Así, sabemos que es de día porque no es de noche, o que tenemos frío porque no tenemos calor. De esta manera, sabemos que estamos alegres cuando no estamos tristes, enojados o con miedo.
En una lógica simple, la Ley de las Polaridades nos explica también que no pueden convivir dos conceptos contrarios. No es posible estar adentro y estar afuera de un mismo punto de referencia; al igual que no es posible que algo sea nuevo y viejo al mismo tiempo. Del mismo modo, no es posible estar tristes, tener miedo o estar molestos, y al mismo tiempo estar alegres.
En el mundo emocional es fundamental comprender que si tenemos un sentimiento arraigado, como puede ser la tristeza, para poder experimentar la alegría será necesario, en primer lugar, reconocer la tristeza y trabajar el sentimiento. No hay posibilidades de alcanzar un estado pleno de alegría si el mundo emocional está ocupado con una emoción en polaridad. Por ello, un obstáculo para la alegría puede ser una tristeza no resuelta del pasado, y negarla no ayudará.
La búsqueda de la alegría, de la felicidad, ha sido quizás el objetivo de una gran cantidad de sabios e iluminados; y la historia nos muestra cómo ha sido también uno de los principales objetivos de las personas. Se realizan estudios y se diserta sobre este tema; y si lo pensamos, si usamos esa lógica sencilla de la Ley de las Polaridades, podremos saber que no es posible generar esta emoción si no se liberan sus antagonistas.
Si queremos conquistar ese espacio donde experimentemos la alegría, conviene hacernos conscientes de que debemos liberar la tristeza, el coraje, el miedo o cualquier otro sentimiento, pues al no hacerlo será difícil conseguirlo o lo haremos sin la plenitud que quisiéramos.
En pocas palabras, Norma opina que: