ATREVERSE A IMAGINAR Y APRENDER
¿Admiramos a quienes envidiamos?
Usualmente confundimos la envidia con los celos y son dos sentimientos que, aunque se relacionan, son diferentes. La envidia la sentimos cuando queremos tener algo que alguien más posee, los celos los sentimos cuando tenemos miedo de perder una relación que ya tenemos. Podríamos decir que la envidia es opuesta a la humildad (que es una de las fortalezas del carácter de las que hemos hablado), sin embargo, es una emoción que todos hemos sentido de muchas formas.
De la forma en la que quiero hablar de la envidia es como una emoción considerada como tabú y que nadie quiere reconocer que la siente; si la asumimos y reflexionamos al respecto puede ayudarnos a encontrar el camino hacia lo que queremos hacer o lo que queremos tener. Hemos aprendido a no reconocer nuestro deseo. No queremos dar espacio al deseo. Nos preocupamos mucho de los debería, en lugar de preguntarnos "¿Qué quiero?", ¿Cómo es el deseo para mí? Sentimos que es un acto egoísta. Podemos utilizar la envidia como una guía hacia nuestros deseos.
Ahora, una vez que reconocemos que en realidad lo que sentimos es envidia y que quisiéramos tener las condiciones o la vida para hacer o tener lo que alguien más hace o tiene, viene una parte que considero más retadora. ¿Tengo la valentía de hacer lo que se necesite para construir la vida y tomar las decisiones necesarias para tener o hacer eso de lo que siento envidia? Envidiamos el resultado final, pero para conseguirlo hay un proceso que normalmente no envidiamos y eso es: Ahorrar y dejar de comprar algo que se me antoja en el momento porque quiero irme a ese viaje de mis sueños, trabajar un poco más para poder tener lo que alguien más tiene o entrenar largas jornadas para ser un atleta de alto rendimiento.
Necesitamos reconocer nuestro deseo, ser valientes para vivir y ser las personas que se requiere que seamos para lograr alcanzar eso que nos da envidia, además de tener la certeza de que nuestro mundo es abundante y que en él existe lo suficiente. Hay suficiente amor, suficiente reconocimiento, suficiente éxito, suficiente atención, suficiente dinero, suficiente talento para quienes están dispuestos a buscarlo.
En pocas palabras, Andrea opina que: